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Testimonio Escarlata

Agradecimiento por tu Devoción

BRACER

Agradecimiento por tu Devoción

2-Pieces: ATQ +18%.
4-Pieces: #Durante 10{NON_BREAK_SPACE}s después de que el portador de este conjunto de artefactos cause una reacción de Torbellino Estelar, su Prob. CRIT aumentará en un 16% y su daño de Torbellino Estelar aumentará en un 40%.
Un adorno floral de un color rojo intenso. Simboliza una gloria tan ardiente como el fuego.

La Srta. Guillotin estaba sentada en la plaza central de Snezhnogrado mientras tomaba un tazón de borsch al aire libre y café caliente mezclado con licor, tal como hacían los lugareños. El café se enfrió a los pocos minutos de que se lo sirvieran por culpa del viento gélido, pero aun así, al beberlo, le quemó desde la garganta hasta el estómago. La Srta. Guillotin, perspicaz como nadie, comprendió de inmediato por qué el camarero de orejas puntiagudas le había recomendado pedir una doble ración de aguafuego. Le había costado bastante llegar desde Fontaine hasta Snezhnaya, y la mayor parte del tiempo lo había pasado en las llanuras nevadas. El clima era más frío de lo que había esperado, pero el camino no le resultó tan difícil como pensaba. Lo que realmente la retrasó fue aquel lugar tan extraño. Se topó con gente que se lanzaba con el torso desnudo desde árboles de más de diez metros hacia montones de nieve, y vio a niños compitiendo sobre un lago congelado para ver quién rompía primero el hielo y caía al agua. El desafortunado era el ganador, así que también era quien más contento se ponía. Todo aquello era aún más difícil de entender que los cuentos de héroes contra dragones de Alain, porque, aunque no parecía tener ningún sentido, le resultaba de lo más novedoso. Hace tan solo unos meses estaba sentada en un banco de la Corte de Fontaine con una taza de té en la mano, mientras observaba a través del aire húmedo y brumoso cómo renovaban el edificio de enfrente y mataba el tiempo señalando los defectos al equipo de construcción. El encargado de supervisar la obra no se molestó en absoluto. Al contrario, le agradeció sus observaciones, lo cual le causó una buena impresión a la Srta. Guillotine y le permitió tolerar esa charla espontánea. Aquel individuo se presentó como el maestro de la división del Gremio de nosequé y hablaba con un tono tan monótono que daba sueño escucharlo. Habría sido una buena oportunidad para descansar, pero desde que Alain se fue, ella siempre tenía demasiado tiempo para quedarse absorta en sus pensamientos y cabecear, así que se había acostumbrado a permanecer en un estado entre el sueño y la vigilia mientras se ocupaba de los asuntos que no tenían que ver con su investigación. Por ejemplo, el Palacio Mermonia le había otorgado una generosa compensación por el fallecimiento del duque Alain Guillotin. Ella no quería aferrarse a esos Moras como una avariciosa hasta morir de vieja, porque evidentemente eso no iba a pasar, ni tampoco quería que en unos cientos de años su historia se convirtiera en un relato de terror sobre una marioneta embrujada en un sótano. Había oído que un banco cercano ofrecía buenos planes de inversión, pero un banco extranjero ya de por sí parecía una trampa, y por mucho que aquel maestro de la división del Gremio elogiara su generosa financiación, no iba a convencer a la astuta Srta. Guillotin. O, por ejemplo, ¿cómo podía existir en el mundo un pan tan amargo como el café negro, o una bebida que sabe a pan? Alain le había preparado muy meticulosamente un sistema de gusto y sensibilidad térmica idéntico al de los humanos, así que ¿cómo podía ella verificar que dichas funciones operaran de manera estable al exponerse durante mucho tiempo a bajas temperaturas? El excesivamente amable maestro de la división del Gremio seguía relatando anécdotas sobre aventuras en tierras lejanas, intercalando de vez en cuando algún halago hacia ella. Decía que, incluso a ojos de los aventureros más experimentados, una dama como ella era una erudita excepcional, y que limitarse a quedarse allí a corregir errores estructurales de edificios era un verdadero desperdicio de su talento. Así pues, la Srta. Guillotin dejó su taza de té vacía y decidió probar una bebida con sabor a pan. Junto a una mesa en un lugar cubierto de nieve y hielo, conoció al director de los Fatui. En ese momento, ella estaba pensando en cuán viejo sería realmente el Restaurante Podvorye, mientras observaba a un volkodlak aún más torpe que Pulonia intentando mantener en equilibrio una bandeja llena de copas rebosantes de vino. En medio de aquella situación tambaleante, el hombre enmascarado le describió un ideal que trataba sobre intentar salvar el mundo. Él dijo que un destino irracional no era más que unos grilletes que debían romperse, y que destruir el viejo mundo equivalía a salvarlo. El destino y la salvación del mundo eran temas que ya había escuchado antes, pero en ese momento le parecieron algo forzados. “Ay, Alain...”, suspiró en sus pensamientos. “Me concediste un alma libre y excepcional, pero ¿alguna vez pensaste en lo que haría con ella?”. Sin embargo, enseguida se dijo que eso no era problema de Alain, sino que se trataba de un dilema que le correspondía resolver a ella misma. La historia del héroe que empuñaba una espada sagrada y del dragón al que debía (o no) derrotar ya era cosa del pasado, y sin embargo, el mundo seguía esperando la salvación. Poco tiempo después, comenzaron a llamarla “La Títere” o “Sandrone”, y con ello vinieron las responsabilidades que exigían esos nombres. En sus ratos libres, volvía a sentarse en aquel asiento familiar y contemplaba a lo lejos la ventana del Gremio de Aventureros. La recepcionista, Katheryne, permanecía de pie con elegancia, como si ninguna ventisca invernal pudiera perturbarla jamás. Alguien había pegado en un tablón de anuncios cercano la programación de obras del teatro, así como un cartel de reclutamiento de los Fatui. Este último llevaba impresa una flor de un color rojo intenso, más llamativa que las faldas de las actrices al danzar. Eran las medallas prometidas a quienes se consagraran a la causa con devoción. Una vez que entendió el sentido del Gremio de Aventureros en lo más profundo de Snezhnaya, Sandrone dejó de sorprenderse por todo aquello. Los Fatui estaban criando una bestia llamada “ideal”, la cual se alimentaba de talento e información. A veces, cuando se encontraba distraída en sus pensamientos, sentía que ella también formaba parte de todo ello.