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Historia general de Snezhnaya

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Historia general de Snezhnaya (I)

Introducción Dedicado a la Zarina de toda Snezhnaya, gobernadora eterna de la Estrella Albina, protectora de todos los clanes de hadas y de los linajes de los hijos del Norte, santa de todos los inviernos, soberana de la clemencia y el perdón, gran señora de los duques de Snezhnogrado, Glupov, Kitezh y Belovodié, dominadora y conquistadora de todas las tierras heladas bajo la aurora, otorgadora de un infinito amor, Anastasia Fiódorovna Snezhnaya, y a nuestra amada madre patria: ¡Majestad! Solo gracias a vuestra sagrada gloria, una mortal como yo ha podido liberarse del sufrimiento del pasado. Solo gracias a vuestra compasión, vasta y solemne como la tundra, una mortal como yo ha podido marchar junto a los nobles inmortales y, con una tosca pluma, intentar plasmar la historia completa de nuestra patria. No me jactaré de mi labor, pues toda ella pertenece a vuestra gloria suprema. Esta historia general se remonta a las leyendas de la era de la noche polar, narra en su parte central las campañas del Zar Monómaco y culmina con las hazañas de la Zarina Anastasia. El viejo mundo está muriendo, el nuevo mundo está despertando, y la historia nos ha demostrado innumerables veces que solo la virtud, y no la fuerza, es el filo que puede renovar el mundo. Las conquistas del Zar Monómaco fueron, sin duda, feroces como los vientos gélidos del invierno, pero vos, majestad, si la dicha que trae vuestra sublime virtud pudiera equipararse a vuestra gloria, entonces no hay duda de que seríais más dichosa que cualquier criatura viviente sobre la faz de la tierra. Oh, soberana de infinita bondad y clemencia, con el más profundo respeto y reverencia, os presento este libro. Vuestra leal súbdita e hija, Y. S. Kliucheva «Volumen I: Leyendas de Hiperbórea» Numerosas fuentes históricas de diversa procedencia coinciden en que esta vasta extensión de tierras heladas cubiertas de nieve plateada, hoy conocida como “Snezhnaya”, no fue siempre tan inclemente en eras tan antiguas que escapan a nuestra imaginación. Por el contrario, este lugar gozó antaño de un clima cálido y una vegetación exuberante, siendo una fértil llanura libre de toda preocupación. Aunque no podemos vislumbrar cómo era realmente aquella época, ni verificar si los registros hallados en los documentos de los aristócratas feéricos se basan en hechos o en su desbordante y hermosa imaginación —pues incluso las antiguas «Crónicas de Vóljov» fueron escritas miles de años después de la “era dorada” de la que hablaba su autor—, si elegimos creer en aquellos poemas feéricos basados al menos en leyendas, hubo antiguamente en estas tierras una nación llamada “Hiperbórea”. El gran duque P. N. Kostomárov escribió lo siguiente: “(Ellos) poseían unas virtudes incomparables... Las ciudades-Estado que erigieron resplandecían como el oro. Como la primavera se negaba a abandonar aquella tierra dichosa, en ella siempre reinaba esta cálida estación. No existía ni el calor abrasador ni el frío punzante. Su pueblo se alimentaba del néctar y el rocío que caían de los cielos, y así fue durante cientos de eras... hasta que sus descendientes, en la comodidad, perdieron su nobleza, y entonces la primavera abandonó su hogar y un largo invierno llegó tras ella...”. El «Cancionero de Santa Strivozha» de la misma época (supuestamente escrito por la propia Strivozha la Inmaculada) narra una leyenda diferente: el eterno Rey de la Luz no podía tolerar la llegada de la oscuridad, por lo que encerró a su hija en un mundo de tinieblas con la intención de usar su resplandor para iluminar una tierra que se sumía en el ocaso. El rey de Hiperbórea la sacó de las profundidades de la tierra, tan brillantes como el día, y desde entonces el mundo conoció la noche y a ella la llamaron la “Madre de la Noche”. Yacieron juntos y engendraron a siete dioses preexistentes y doce humanos preexistentes, cuyos descendientes se multiplicaron en la tierra y erigieron la Hiperbórea de oro y roca blanca. Al darse cuenta de que era inevitable que el día y la noche se alternaran, el Rey de la Luz, preso de la ira, destruyó Hiperbórea y masacró a casi todo el linaje de los siete dioses preexistentes. Solo el hijo menor del último soberano logró sobrevivir: el Zar Monómaco. Por ello, le correspondía por derecho gobernar a todas las hadas y a todos los humanos. Sea como fuere, estas peculiares parábolas deben ceder ante la historia real. Antes de la fundación de Kitezh, el Zar Monómaco recorrió durante cientos de años las tierras azotadas por las ventiscas como un joven guerrero de valor extraordinario. Fue durante ese periodo cuando conoció a los grandes héroes que más adelante lucharían a su lado, y cuando esbozó el germen de aquella nación virtuosa y benevolente con la que tanto había soñado. ...