«El Véstnik» de Snezhnaya
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«El Véstnik» de Snezhnaya
<region id = 1/> <title name = ¡El último gran descubrimiento astronómico! ¿Misteriosas criaturas en la Luna?/> <image preview name = UI_Img_SnezhnayaNewspaperPage_Pic_01/> <center>«¡El último gran descubrimiento astronómico! ¿Misteriosas criaturas en la Luna?»</center> Ayer, recibimos las últimas noticias procedentes de un observatorio situado en las tierras del extremo norte (como los resultados de la investigación aún no se han publicado, no podemos revelar su ubicación exacta por motivos de confidencialidad). Gracias a su nuevo y gigantesco telescopio, el célebre astrónomo, el Dr. Iván Hershelev, logró observar un paisaje extraordinario en la superficie de la Luna. El novedoso diseño del telescopio nació de una brillante idea del Dr. Hershelev. Instaló sobre el ocular de un colosal telescopio de más de veinte metros de longitud un potente microscopio compuesto, capaz de ampliar la imagen veinticuatro veces. De este modo, consiguió superar de forma innovadora los límites de la óptica tradicional. Además, con la intensa iluminación producida por la kresnikita altamente refinada, este nuevo invento ha alcanzado un grado de ampliación sin precedentes. Según nuestras fuentes, la Real Armería financió este asombroso proyecto, aunque hasta ahora nunca había revelado su existencia al público ni lo había incluido en sus informes presupuestarios anuales. El Dr. Hershelev explicó que, para imponerse en la competencia científica entre naciones, los Fatui ordenaron a todas las partes involucradas guardar el más absoluto secreto. Quizá por eso no supimos hasta hoy de la existencia de este proyecto de vanguardia, capaz de atravesar el velo del universo. En la carta que el Dr. Hershelev nos confió para su publicación, se describen con todo detalle los paisajes que observó en la superficie lunar: bosques, ríos, valles y praderas, además de numerosas criaturas extraordinarias que habitan en la Luna, como bisontes, ballenas, medusas... ¡e incluso pingüinos! El Dr. Hershelev también afirmó haber encontrado rastros posiblemente dejados por seres inteligentes, como un palacio construido con cristales azules, cuyas torres apuntan directamente hacia nosotros. ¿Qué mensaje intentaban transmitir sus constructores? ¿Querían proclamar la grandeza de su civilización o advertirnos de alguna catástrofe futura? Al final de su carta, el Dr. Hershelev habló también de una criatura humanoide cuya verdadera naturaleza no pudo determinar. Tenía un pelaje dorado, un par de alas membranosas en la espalda y aparecía repetidamente en distintas zonas del campo de visión del telescopio. Por desgracia, la observación tuvo que interrumpirse antes de que pudieran obtener imágenes de ella. La causa fue que el Dr. Hershelev olvidó bajar el telescopio y colocarlo en posición horizontal antes de irse a dormir. Al salir el sol, la luz atravesó el instrumento, se concentró en las lentes y provocó un incendio. Afortunadamente, el personal presente reaccionó a tiempo y no hubo víctimas. Aunque este accidente obligó a suspender las observaciones, los hallazgos obtenidos bastan para estremecer al mundo científico. Algunos investigadores academicistas, aferrados a ideas anticuadas, han cuestionado los resultados y los han calificado de “pura ficción”. Sin embargo, los eruditos de la Escuela de Iluminacionismo de la Academia de Sumeru han valorado la investigación de forma muy positiva. Incluso más de un herbad se desmayó de la emoción al leer los descubrimientos revelados en la carta. Este periódico publicará en seis entregas distintas la carta íntegra que el Dr. Hershelev nos confió. Queridos lectores ansiosos por conocer la verdad sobre la Luna, ¡no se lo pierdan! <region id = 2/> <title name = Colaboración de «Relatos de lo insólito»: Los mineros volkodlak desaparecidos/> <image preview name = UI_Img_SnezhnayaNewspaperPage_Pic_09/> <center>Colaboración de «Relatos de lo insólito»: Los mineros volkodlak desaparecidos</center> Colaboración de Mámontov Esta es una historia que escuché del amigo de un amigo. Lishin era un empleado recién incorporado a la Agencia de Transporte y llevaba menos de un año en el puesto. Había nacido en Svetloledovka, y su mayor sueño siempre había sido abandonar su pueblo natal para vivir en una gran ciudad como Snezhnogrado o Novokitezhgrado. Ahora lo había cumplido a medias. Trabajaba como empleado ferroviario en la línea que conectaba Novokitezhgrado, Snezhnogrado y Svetloledovka. Gracias a su carácter extrovertido y conversador, pronto entabló amistad con muchos pasajeros habituales y, a través de sus charlas, reunió toda clase de historias con las que combatir el aburrimiento: detalles de casos resueltos por los chikota, leyendas sobre la Casa de las Hespérides contadas por los snegovik... Esa clase de información siempre le permitía presumir un poco cuando regresaba a casa y se reunía con sus viejos amigos, que nunca habían salido del pueblo. Por eso le encantaba su trabajo. Fuera cual fuera su motivación, lo cierto es que llegó a desempeñarlo con verdadero entusiasmo, al menos hasta el incidente que lo dejó gravemente enfermo. Aquel día había comenzado como cualquier otro para Lishin. En el vagón viajaban varios estudiantes que regresaban a las clases, una joven pareja que comentaba una obra recién estrenada, un snegovik alto y melancólico, algunos mineros volkodlak... Entre ellos había varios rostros conocidos. Los mineros volkodlak estaban especialmente animados. Según contaron, habían desenterrado algo que no convenía mencionar en público en un lugar muy apartado al oeste de Novokitezhgrado. Aunque supuestamente debían mantenerlo en secreto, no pudieron evitar contárselo a los demás, así que debía de tratarse de un hallazgo extraordinario. Tras escuchar su conversación, el melancólico snegovik les advirtió: “Si tomaron algo de las ruinas de Kitezhgrado, será mejor que lo devuelvan cuanto antes. De lo contrario, la desgracia caerá sobre ustedes”. Lishin sintió un escalofrío, como si aquellas palabras hubieran surtido efecto de inmediato. Revisó el sistema de calefacción del tren y comprobó que funcionaba con normalidad, pero un frío extraño parecía haberse apoderado del vagón. Dudó si debía informar del asunto a sus superiores para que interviniera algún detective. Quería ser un empleado responsable, pero no convertirse en un despreciable soplón. Sin embargo, el dilema no lo atormentó por mucho tiempo, pues esa misma noche le dio una fiebre muy alta, algo sumamente inusual en alguien que siempre había gozado de buena salud. Aquella fiebre de origen desconocido lo obligó a ausentarse durante una semana y, aun después de volver al trabajo, siguió sintiéndose extremadamente débil. Su condición física nunca volvió a ser la misma. Según sus compañeros de la Agencia de Transporte, casi todos los demás pasajeros de aquel tren enfermaron al mismo tiempo, y algunos de los más débiles aún no se han recuperado. Uno de esos compañeros tenía un pariente en Novokitezhgrado capaz de comunicarse con los espíritus, así que le pidió su opinión sobre lo ocurrido. Su respuesta fue que los mineros volkodlak habían sido maldecidos por Chernabog y habían llevado algo impuro al tren. Tanto Lishin como los demás pasajeros enfermaron porque un espíritu maligno se había apoderado de sus cuerpos. Lishin estuvo a punto de contradecirlo, pero recordó aquel frío que le había subido desde las plantas de los pies como una serpiente y terminó guardándose sus palabras. Después de aquello, jamás volvió a ver a aquellos mineros volkodlak ni volvió a oír hablar de ellos. Tal vez, por motivos de trabajo, dejaron de utilizar esa línea. O quizá Chernabog, enfurecido, los había... Sea como fuere, sus figuras, o incluso su propia existencia, parecieron haber sido borradas por la interminable ventisca de la tundra, sin dejar el menor rastro... <region id = 3/> <title name = Comunicado sobre la prohibición de acceso a ciertos pasajeros/> <image preview name = UI_Img_SnezhnayaNewspaperPage_Pic_04/> <center>Comunicado sobre la prohibición de acceso a ciertos pasajeros</center> La Agencia de Transporte publicó recientemente una nueva lista de pasajeros a los que se les prohíbe subir a bordo de un tren, lo que generó un intenso debate entre el pueblo. Entre ellos se encuentra el Sr. I. N. Ivanov, un snegovik que presentó una enérgica protesta ante la Agencia de Transporte por haber sido “vetado sin haber cometido infracción alguna”, al considerar que la medida vulneraba sus derechos legítimos. Ayer, la Agencia de Transporte emitió una respuesta oficial en la que reveló la lamentable verdad detrás de la prohibición. Según la investigación, el Sr. Ivanov compraba con frecuencia pasajes para viajar en la línea entre Snezhnogrado y Novokitezhgrado con el propósito de recordar a su difunta amada, quien había trabajado como empleada ferroviaria en esa misma ruta. Sin embargo, cada vez que algún objeto del vagón despertaba sus recuerdos y lo sumía en el dolor, sus poderes de snegovik se intensificaban de manera inconsciente, provocando una caída repentina de la temperatura en el vagón. Como consecuencia, numerosos pasajeros contrajeron fuertes resfriados. La Agencia de Transporte recalcó que el Sr. Ivanov no actuaba con mala intención. No obstante, para proteger la salud y la seguridad de todos los pasajeros, no hubo más remedio que prohibirle subir a bordo de los trenes. Asimismo, se pidió a la ciudadanía que mostrara comprensión ante esta decisión.
