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Cartas de Yoyo

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Cartas de Yoyo

Dos cartas dejadas junto a una casa en ruinas que parecen haber sido escritas por la misma persona. Carta deteriorada Para el Yoyo de 25 años: ¡Hola! Soy tú cuando tenías cinco años. La maestra Gina nos dejó la primera tarea de la escuela y nos pidió que le escribiéramos una carta a nuestro yo de dentro de veinte años. Esta mañana mamá me compró una mochila nueva y preparó pescado frito porque es mi comida favorita. Me dijo que si aprendo a leer bien, en el futuro podré ir a Bidimensia a trabajar en edificios altos y brillantes... Así no tendré que salir al mar a pescar como papá y mamá. Todos los días practico para escribir mi nombre. Es muy difícil aprender a escribirlo bien, pero ya me sale. Este es mi plan para convertirme en ti: 1. Aprender a contar dinero, así cuando me paguen en los edificios brillantes, me aseguraré de que no se equivocan. 2. Acordarme siempre del camino a casa para poder regresar por mi cuenta y que mamá no se preocupe. 3. Comer muy bien. Mamá dice que comer pescado te hace más inteligente, así que todos los días me voy a terminar todo el pescado frito sin dejar nada. Te dibujé con crayones: tienes puesta una camisa roja, llevas un maletín y estás de pie en lo alto de un edificio brillante... ¿Me podrías decir si en Bidimensia venden pescado frito? Papá dice que en las ciudades grandes hay de todo. Ya me voy a dormir la siesta. Todavía no me he ganado la florecita roja de hoy. ¿Me vas a extrañar cuando seas grande? Yoyo 10 de █ de 1979 Carta nueva Querida madre: ¡Espero que estés muy bien! Conseguí un trabajo de oficina en el Consorcio Perlux y este mes empiezo mi periodo de prueba de seis meses. Mi lugar está en el piso diecisiete, junto a la ventana. Tengo que usar uniforme para trabajar... La camisa debe estar bien planchada todos los días y los puños no pueden tener ni una mota de polvo. A veces envidio a mis compañeros mecatrones porque parece que ellos no tienen que preocuparse por seguir las normas de vestimenta. Vivo en un departamento en el extremo este de Bidimensia. Aunque me queda algo lejos de la oficina, la distancia a la estación del tren está bien. En la tiendita de abajo venden porciones de pescado frito instantáneo a 28 créditos. El pescado es muy tierno, pero la salsa es demasiado dulce y todavía no me he acostumbrado. Cada diez de mes me aparecen sin falta unos números en mi cuenta bancaria. Pero luego vuelan rápido: un tercio es para la renta, un cuarto se va en los boletos del tren y en el saldo para la tiendita, y aparte me cobran una extraña cuota de mediación de Imagiesencia. Quizás es porque estos días no he estado de muy buen humor y les he dado problemas a los trabajadores del centro comunitario. Mamá, creo que nunca voy a aprender a ubicarme por aquí. La ciudad es inmensa, pero no tengo tiempo para conocerla. Cuando termino mi semana de trabajo, lo único que quiero es echarme en el departamento y conseguir algo más de descanso. No sé a dónde ir y tampoco tengo amigos que me inviten a salir. Mis compañeros siempre hablan de la "libertad financiera" y de "escapar de la carrera de la rata", términos que no paran de darme vueltas en la cabeza. ¡Esa vida que todos sueñan suena igual a la que teníamos en casa hace veinte años! Cuando junte suficiente dinero, voy a volver a Manamar para abrir un restaurante contigo... ¿Verdad que sería lindo? Mamá, anoche soñé con mi infancia. Si puedo ir a casa estas vacaciones, ¿podrías prepararme pescado frito otra vez y enseñarme cómo se hace? Esta vez no me interesa aprender a ser más inteligente, solo quiero guardar ese sabor conmigo. Que el mar esté en calma y que tus días sean más tranquilos. Desde que papá se fue, tú eres todo lo que me queda en este mundo. ¡Te deseo lo mejor! Yoyo 12 de █ de 1999