Guion de emisión de radio nocturna
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Guion de emisión de radio nocturna
(Sonido de fondo: un leve zumbido eléctrico y el graznido lejano de las gaviotas mezclado con el vaivén de las olas) Almas que deambulan a medianoche, bienvenidos de vuelta a «Noche de luna marina». Soy su locutor, el Sr. Nautilus. Son las 3:13 de la madrugada en el horario de la arcadia, un momento en el que hasta las sombras dormitan. (Leves toques al micrófono) Esta noche compartiremos con ustedes el relato que nos envió un seguidor del programa, Marco en Blanco. Según cuenta, es la experiencia personal de un amigo suyo. Seguro que conocen ese rincón tan famoso al noroeste de Manamar, ¿verdad? Sí, hablo del cabo del Ocaso, ese lugar al que muchos van para ver el amanecer. Seguro que pocos saben que bajo ese acantilado, casi al nivel del agua, se esconden varias grutas. Sí, de esas cuevas marinas a las que se puede entrar remando en un bote. Nuestra historia de hoy comienza justo ahí. El amigo del Sr. Marco... digamos que se llama el Sr. A, era un aventurero aficionado a la espeleología. Hace poco quedó con su primo, el Sr. B, para internarse en la gruta más grande bajo el cabo del Ocaso. Y entonces... (Risa leve y profunda, casi imperceptible) Y entonces... bueno, perdió la cabeza. Dicen que cuando los rescatistas lo encontraron, el Sr. A no paraba de dar vueltas alrededor de una columna de piedra cerca de la entrada de la cueva. Estaba completamente fuera de sí, como si no se diera cuenta de que había alguien más allí. El Sr. A solo empezó a recobrar la razón cuando lo sacaron de la cueva. Pero lo cierto es que después se negó por completo a hablar con nadie. Solo se aferraba con fuerza al brazo de un rescatista, cabizbajo y temblando sin parar, mientras sollozaba y murmuraba algo entre dientes. ¿Y por qué no se ha mencionado al Sr. B? Pues porque se desvaneció, por supuesto. Así es, no es que esté desaparecido, es que se desvaneció. Los equipos de rescate pasaron tres días enteros registrando cada rincón de la cueva y no solo no lo encontraron a él ni a su cuerpo, sino que ni siquiera hallaron rastro alguno de su presencia. Es muy extraño, ¿verdad? Y hay algo todavía más extraño. Según la investigación, ambos entraron en la cueva por la mañana, y esa misma noche, al ver que no podían contactar con ellos de ninguna manera, la familia dio la voz de alarma. Los equipos de rescate encontraron al Sr. A alrededor de la medianoche. Sin embargo, al buscar al Sr. B, se descubrió que la cueva no era tan grande. Incluso recorriéndola de punta a punta con todo cuidado, no se tarda más de tres horas en hacer el camino de ida y vuelta. Ah, por cierto, hay un detalle curioso que el Sr. Marco añadió al final de su relato... (Un breve silencio, seguido por el suave golpeteo de unos nudillos contra la mesa) Tras su rescate, el Sr. A no dejaba de repetir la misma frase una y otra vez: "No me lleven a mí, llévenselo a él...". (Sonido de fondo: el suave romper de las olas en la playa, mezclado con un masticar intermitente y apenas perceptible) Bien, dejemos esta historia aquí por ahora. A continuación, el primer anuncio de hoy... (...)
